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La fisioterapia es una herramienta muy valiosa y fundamental en el abordaje de pacientes con demencia y de sus cuidadores, desde la que se busca en todo momento un gran objetivo final que es el de MEJORAR La CALIDAD DE VIDA DE las PERSONAS AFECTADAS POR LA ENFERMEDAD Y  sus CUIDADORES.

  • Rodrigo Rubial Lalín. Fisioterapeuta. Gerontólogo clínico
  • Clara Domínguez. Neuróloga. CHUS

¿Es necesaria la fisioterapia en el transcurso de la enfermedad?

La fisioterapia es útil en todas las fases de la demencia, y sus beneficios varían según el grado de progresión de la enfermedad. Todo plan de tratamiento debe estar basado en una buena evaluación previa, que se irá adaptando a la evolución de la enfermedad. Los beneficios de la fisioterapia en cada fase son los siguientes:

Fase temprana o inicial:
Los síntomas cognitivos y físicos son leves y la persona conserva la mayoría de sus habilidades funcionales:

  • Mantener la movilidad, la coordinación y el estado físico para prevenir la pérdida de las capacidades funcionales. Además, se favorece el reconocimiento del propio cuerpo y su relación con el espacio y el tiempo.
  • Prevenir el deterioro funcional mediante lo fomento de la autonomía y el mantenimiento de la mayor independencia posible.
  • Mejoría o mantenimiento de la capacidad aeróbica.
  • Estimulación cognitiva
  • Reducción de #el #estrés y mejora del bienestar emocional
  • Adquirir rutinas y hábitos de vida saludables como el ejercicio físico.

Fase intermedia:
Los pacientes empiezan a experimentar mayores dificultades cognitivas y físicas, lo que afecta significativamente a la movilidad y a la capacidad de realizar actividades diarias.

  • Mantener la funcionalidad
  • Prevenir las caídas mediante el trabajo del equilibrio y la reeducación de la marcha
  • Facilitación de las transferencias
  • Manejar el dolor y la rigidez muscular
  • Recomendar y entrenar al paciente en el uso de productos de apoyo
  • Estimulación orofacial
  • Disminuir el riesgo de infecciones respiratorias

Fase avanzada:
La demencia progresó significativamente y el paciente puede estar en una situación de total dependencia para la mayoría de las actividades y con poca capacidad de colaboración voluntaria en las sesiones de tratamiento, por lo que el tratamiento se administrará principalmente mediante maniobras pasivas (en las que el profesional realiza y complementa la acción):

  • Prevenir complicaciones asociadas a la inmovilidad mediante el mantenimiento de la movilidad articular y el tono muscular.
  • Aliviar el dolor
  • Movilizaciones pasivas y cambios posturales para mantener la circulación, evitar las rigideces musculares y reducir el riesgo de úlceras por presión.
  • Normalización de tono muscular
  • Estimulación orofacial
  • Prevenir y tratar patologías respiratorias
  • Minimizar riesgos de ingreso hospitalario
  • Apoyo a los cuidadores enseñando técnicas para movilizar al paciente, realizar cambios de postura de manera segura y evitar complicaciones derivadas del reposo prolongado.

¿Cómo puede ayudarme la fisioterapia tras el diagnóstico de una demencia?

La fisioterapia juega un papel fundamental a lo largo del proceso de una demencia influyendo en la merma y enlentecimiento de los síntomas que afectan a la funcionalidad, autonomía y calidad de vida de las personas.
Los beneficios que acerca la fisioterapia contribuyen a mantener el mayor grado de autonomía física y funcional en cada fase de la enfermedad, con el objetivo de mejorar la calidad de vida del afectado, su familia y/o cuidadores.
La demencia afecta a las capacidades cognitivas y puede tener un impacto significativo en la movilidad, el equilibrio y en la realización de las actividades de la vida diaria.
El objetivo principal y a largo plazo va encaminado a mejorar la calidad de vida de la persona, para lo cual es necesario tener objetivos más pequeños y a corto plazo:

  • Mantener y mejorar la movilidad tanto activa cómo pasiva.
  • Mantener o mejorar el tono muscular evitando rigideces, atrofia y acortamientos.
  • Aliviar el dolor articular y muscular
  • Mejorar el equilibrio y prevenir caídas: la demencia afecta al equilibrio, lo que aumenta el riesgo de caídas.
  • Mantener la capacidad funcional:
    • La independencia en las transferencias.
    • La reeducación postural.
    • La independencia en la deambulación
  • Estimular la cognición a través del movimiento: mediante ejercicios de coordinación, equilibrio y atención. El ejercicio físico regular puede ayudar a retardar el deterioro cognitivo y promover la neuroplasticidad.
  • Reducir la agitación, promover el bienestar emocional y potenciar la socialización: el ejercicio puede ser una herramienta efectiva para reducir los síntomas de ansiedad, mejorar el estado de ánimo y el sueño.
  • Prevenir complicaciones secundarias asociadas al sedentarismo o al inmovilismo como las úlceras por presión, las infecciones respiratorias o la pérdida de masa muscular.
  • Orientar a los familiares o cuidadores sobre aspectos sanitarios, así como a prevenir lesiones producidas por el manejo de estos pacientes.

¿Cómo puedo animar a mi familiar para acudir la fisioterapia?

Tenemos que exponer a nuestro familiar el acceso al servicio de fisioterapia como un elemento que va a contribuir a mejorar su estado general de salud. 
Podemos enfocarnos para eso en los beneficios que se pueden estimular como pueden ser mejoría de equilibrio, coordinación, marcha, fuerza muscular, resistencia… en definitiva, la búsqueda de la mayor calidad de vida posible. 
En fases más avanzadas de la enfermedad desde el servicio de fisioterapia, aunque siempre se tiene como primer foco de atención al propio paciente diagnosticado con la enfermedad,  cobra también mucha relevancia la presencia, diálogo y explicaciones de la enfermedad a su entorno familiar y de cuidadores habituales, para que puedan comprender la importancia que tiene recibir la atención de un servicio de fisioterapia en un centro clínico o en su propio domicilio. 

¿Cuál es la importancia de la adherencia a las pautas de tratamiento físico y funcional?

Al igual que cualquier hábito de vida saludable,  para su correcta implantación y capacidad de influencia sobre la mejoría de nuestra salud, solo es significativo desde el momento en que esa “actividad saludable” (alimentación, ejercicio, fisioterapia…) pasa a convertirse en un “hábito” de nuestra vida, formando parte de nuestras rutinas diarias. 
Desde el momento en que tenemos una frecuencia semanal pautada en la ejecución de pautas físicas y funcionales de estimulación en nuestro equilibrio, coordinación, marcha, memoria, fuerza… conseguiremos consolidar los beneficios que estamos buscando mejorar en el estado de salud del paciente con demencia. 

 

Y si mi familiar no quiere ir, ¿cómo animarlo?

Es importante transmitir normalidad, que vaya cogiendo la rutina poco a poco. El ritmo de incorporación a la terapia debe marcarlo la propia persona; esto es fundamental. Hay personas que tardan semanas en incorporarse a la rutina de terapia en un Centro, y otras en dos días ya están perfectamente adaptadas. Es importante que la incorporación sea gradual, a su ritmo y que los primeros días no se produzcan faltas. Es mejor que acuda media hora al Centro, todos los días, sin falta, durante una semana, y después ir incrementando el tiempo, que que falte los primeros días. La rutina es fundamental.

¿Cómo puede ayudarme la fisioterapia como cuidador?

La fisioterapia podrá proporcionarnos muchos beneficios como cuidador; desde adquirir los medios de autocuidado del propio familiar y posteriormente en adquirir los conocimientos del manejo y características de un paciente con demencia, ya que serán muchas las novedades que iremos encontrando en el transcurso de la propia enfermedad y desde el campo de la fisioterapia podremos obtener muchas respuestas a dudas tan habituales como ¿cómo debo realizar una transferencia?, ¿hay que realizar cambios posturales por la noche?, ¿por qué ahora mi familiar tiene más dificultad para caminar, o para coger objetos, o incluso para tragar…? Pues a estas preguntas podremos obtener respuestas desde la fisioterapia.
Pensando en algunos de los beneficios en el cuidador según las fases de la demencia, a continuación hacemos mención a los más relevantes:

Fase temprana o inicial:
Los síntomas y situación del paciente a nivel físico y funcional aun no se vieron alterados, pero debemos empezar, desde el ámbito del cuidador a:

  • Realizar un seguimiento y control de constantes vitales de nuestro familiar (tensión arterial, frecuencia cardíaca…).
  • Empezar a conocer las características propias de la enfermedad, de esta y de posteriores fases de la enfermedad, para estar en condiciones de afrontar esas situaciones.

Fase intermedia:
En esta fase ya comenzamos a tener mayor carga como cuidadores y es interesante que continuemos avanzando en nuestros conocimientos:

  • Continuar con supervisión de constantes.
  • Eliminación de barreras arquitectónicas: alfombras, mesitas… por el riesgo de caída del paciente.
  • Debemos aprender a realizar la supervisión de las pautas físicas y pautas de ejecución de la vida diaria.
  • Insistir en que realice las actividades de la vida diaria de la manera más autónoma posible. Debemos reforzar su ejecución, pero no sustituir la acción. Ejemplo: si no es capaz de comer por sí solo, deberemos asistir cuando no complete la acción, de este modo estaremos reforzando la acción, pero no sustituyendo a misma.
  • Mayor carga física del cuidador: Aprender qué pautas físicas debo hacer para mi autocuidado cómo cuidador.
    • Fortalecimiento musculatura de “core abdominal”
    • Flexibilización de musculatura
    • Invertir tiempo de calidad en mi autocuidado y disfrute personal.Es importante ser capaces de poder encontrar tiempo en nuestra jornada de cuidador para poder “desconectar” y poder realizar actividades que sean de disfrute personal.
  • Pautas de higiene postural
    • cómo agacharme
    • cómo levantar pesos
    • cómo asistir en la alimentación o aseo

Fase avanzada:
En esta fase estamos en una situación de gran dependencia funcional y de necesidad de asistencia mucho mayor por parte del cuidador, por lo que deberemos en este caso tener más conocimientos en cuanto a cuidados del paciente y autocuidados del familiar.

  • Educación sanitaria y aprendizaje sobre:
    • cómo realizar transferencias del paciente
    • cómo realizar cambios posturales
    • Medidas de prevención de aparición de úlceras
    • cómo realizar cuidados básicos del paciente en el día a día
  • Recomendaciones de autocuidado del familiar:
    • Cómo usar ayudas mecánicas
    • Cómo fortalecer y prevenir lesiones de espalda
    • Asistencia a talleres de formación
    • Asistencia a profesionales de ayuda en el área emocional. Es fundamental estar físicamente fuertes, pero también muy interesante poder buscar asesoramiento psicológico si lo necesitamos para poder adquirir las estrategias de gestión emocional necesarias de situaciones de intensidad como las que estamos viviendo en esta fase.
    • Asistencia a otros profesionales sociosanitarios que nos puedan guiar, orientar y ayudar en nuestro día a día de cuidados:Trabajo social, enfermería, psicología, terapia ocupacional…
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