- Celia Pérez. Neuróloga. CHUAC
- Clara Domínguez. Neuróloga. CHUS
Recibir un diagnóstico de demencia es un momento difícil. Algunas de las reacciones comunes en el momento de recibir las noticias son:
- Negación: es muy común, a veces es un mecanismo de adaptación que nos permite ir aceptando el diagnóstico poco a poco. En una familia unas personas pueden tardar más que otras en aceptar el diagnóstico y esto puede producir conflictos.
- Alivio de encontrar una explicación a los síntomas
- Miedo al futuro e a lo que pueda venir
- Rechazo a convertirse en cuidador
- Culpa, por tener la enfermedad, que no es culpa de nadie, o por los sentimientos que esta genera (frustración, discusiones, enfados...)
- Tristeza, como reacción de duelo a las pérdidas que va experimentando la persona
- Frustración o enfado por los cambios que el diagnóstico va a suponer para todos los implicados
- Soledad
¿Que podemos hacer para afrontarlo mejor?
- Hablar del tema con personas de confianza o, si lo necesitamos, con algún profesional sanitario, puede ayudar.
- Contactar con las asociaciones de enfermos y familiares y buscar un grupo de apoyo: rodearse de personas que pasan por lo mismo y nos entienden puede ayudar mucho a afrontar la nueva situación.
- Hablar con los hijos y los nietos: comunicarles el diagnóstico de forma adaptada para tener su apoyo y que entiendan los síntomas.
- Animar al paciente a hablar de cómo se siente, con su familia o con profesionales sanitarios.
- Seguir contando con la opinión de la persona afectada para todas las decisiones, en la medida de lo posible, considerando que puede necesitar más tiempo para entender las cosas o para explicarnos lo que quiere.
- Animar a la persona afectada a seguir disfrutando de la vida y acompañarlo, dando los apoyos precisos para que pueda seguir haciendo las cosas que le gustan durante el mayor tiempo posible.
- Hacer constar nuestras voluntades anticipadas en un documento de instrucciones previas: planificar cómo queremos que nos cuiden y qué tipo de cuidados queremos recibir en los momentos finales de la enfermedad.


