- Ana Díaz Cortés. Socióloga
Tener una vida social activa parece ofrecer protección frente al desarrollo de una demencia. Esto es porque las relaciones sociales favorecen la reserva cognitiva y suponen una de las formas más eficaces de estimulación.
Las personas con demencia a medida que van perdiendo sus capacidades se van desvinculando de su vida social de manera paulatina, impulsados en ocasiones -y de una manera involuntaria- por sus propias familias, bien por el estigma que las caracteriza, bien porque el enfermo no es capaz de participar en las actividades de la misma manera o bien porque existe una alteración conductual que lo dificulta.
Las relaciones sociales tienen que comenzar por fomentar el entorno más próximo, familiares y personas conocidas a las que se tiene mayor apego. Es ideal mantener las rutinas y no excluir al enfermo de ninguna actividad que venía realizando de manera habitual. Es posible que tengamos que reducir la vida social, pero es importante mantenerla para no caer en situaciones de soledad y aislamiento, muy habituales en estos casos.
